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Este es mi último post de la trilogía. En el primero, os mostraba las diferencias entre creencias racionales y creencias irracionales; en el segundo, vimos cómo identificar nuestras creencias irracionales.

Ahora hablaremos de cómo desmontar y neutralizar las creencias irracionales que hayamos detectado y cuál es la técnica más eficaz para conseguirlo.

Con el cuestionamiento mediante preguntas sucesivas conseguiremos, poco a poco, acorralar la creencia irracional a medida que tomamos conciencia de lo absurdo que supone mantenerla, ya que sólo nos reporta emociones negativas y nos impide avanzar en nuestra vida.

Haz el ejercicio de plantearte y responder a las siguientes preguntas…

Buscando pruebas objetivas: la lógica y la certeza
  • ¿Es lógico y coherente lo que pienso?
  • ¿Qué pruebas tengo de que es cierto ese pensamiento?
  • ¿Es siempre cierto o sólo algunas veces?

Algunas creencias caen por su propio peso en este primer bloque.

Por ejemplo: “Mi jefe hoy no me ha dirigido la palabra…, estará enfadado conmigo”.

El hecho de que tu jefe no te haya dicho nada hoy, no quiere decir que esté enfadado contigo, pues podría ser que haya pasado una mala noche o que no se encuentre bien, o incluso que esté enfadado o preocupado por otra razón. Se trata de una presuposición engañosa.

No obstante, si tienes pruebas y por tanto es cierto tu pensamiento, sigue respondiendo…

Valorando las consecuencias de lo que te ha ocurrido: la trascendencia
  • ¿Serían tan graves las consecuencias?
  • ¿Qué sería lo peor que me podría pasar?
  • ¿A qué parcelas de mi vida afectaría?
  • ¿Podría tener alguna consecuencia positiva?
  • ¿Conoces a alguien que le haya pasado lo mismo?, ¿cómo lo ha vivido?
  • ¿Puedo encontrarme bien aunque me suceda esto?

Por ejemplo: “No he llegado a tiempo al festival de mi hijo…, soy un mal padre”.

Que no hayas llegado a tiempo a un festival no significa que seas un mal padre. Lo peor que te puede pasar es que tu hijo se enfade o esté triste por poco tiempo, hasta que le des una explicación al respecto. A algunos padres les ha ocurrido alguna vez y no por ello se mortifican, simplemente se lamentan y ya está. Pero recuerda, trata de no llegar tarde al próximo.

De nuevo, con este segundo bloque, se vienen abajo muchas creencias al relativizar su importancia. “Seguramente, no es para tanto…”

Pero, puede darse el caso de que, efectivamente, tu pensamiento responda a un hecho objetivo y además éste sea importante, entonces pasa a las cuestiones siguientes…

Valorando las consecuencias de tu pensamiento o creencia: el beneficio
  • ¿Qué consigues pensando así?
  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Te ayuda a solucionar tus problemas?

Por ejemplo: “Mi pareja me ha dejado… ya nada me importa”.

Es indudable que una ruptura siempre es dolorosa y necesitarás pasar el duelo y reponerte. Pero después de un tiempo razonable, de poco te servirá seguir lamentándote con ese pensamiento. Hay más cosas importantes en la vida, además de tener pareja, y si sigues anclado a ese recuerdo te las vas a perder.

Al reflexionar sobre las preguntas formuladas en este último bloque, aunque no siempre eliminaremos la creencia, conseguiremos amortiguar, al menos, el dolor y la angustia que nos produce.

 

Mira este video, explica muy bien a través de una metáfora hasta qué punto una creencia puede condicionar tu vida…


 

“Si crees que puedes, tienes razón. Si crees que no puedes, también tienes razón.” (Henry Ford)

La Psicología y el Coaching te pueden ayudar a descubrir y superar tus creencias irracionales.

Espero que te haya resultado útil este post. Si quieres escribir algún comentario y/o realizar alguna aportación, no lo dudes, estaré encantada.

 

Escrito por Pepa Bueno Marí